Posteado por: GUSANILLO | diciembre 17, 2007

Una y no más…

Esta frase, que refleja una rotundidad categórica, voluntad de compromiso y responsabilidad por parte de quien la pronuncia, deberían haberla hecho suya muchos de nuestros gobernantes -o, mejor dicho, los de otros,… pues no fui yo quien les dio el voto- hace ya bastante tiempo. Pero desgraciadamente, es fácil comprobar cómo vuelve a perderse la escasa confianza que parte de la población deposita sobre ellos una y otra vez, cuatro años tras cuatro años, cargo tras cargo, y batacazo tras batacazo.

Y es que, después del fatídico e infame 31 de marzo de 2002, se supuso por parte de la ciudadanía que la expresión que titula este artículo se convertiría en el leitmotiv de los encargados de la infraestructura y seguridad en Canarias. Recordemos que ocho personas perdieron la vida por culpa de vivir en una región donde las construcciones han sobrepasado hace tiempo los límites de sostenibilidad y organización, y donde ya no hay lugar para los barrancos que conducen el agua hacia el mar, obstruidos hoy en día por construcciones legales e ilegales que muchos políticos apoyaron en su día, probablemente porque se embolsaban a cambio una remuneración más que aceptable.

Lo que no han aprendido estos responsables irresponsables -y a estas alturas deben ser ya los únicos en no saberlo- es que cuando se interrumpe el cauce hidrográfico original con murallas de hormigón en forma de infraestructuras mal estudiadas y ubicadas, el alcantarillado municipal no da abasto, y las aguas deciden transitar espontáneamente por las vías urbanas.

El fantasma del 31 de marzo recorrió las calles de Santa Cruz el pasado jueves 13 de diciembre, mientras el que suscribe este artículo pudo observar atónito la razón por la que al pobre conductor de la línea Intercambiador-La Trinidad del Metropolitano, una vez inundadas las vías en el túnel a su paso por el Hospital Universitario, le daban el aviso de sálvese quien pueda desde la central, y nos exhortaba, por razones de seguridad, a abandonar los vagones del tranvía a la altura de la estación del Puente Zurita. Y digo yo…¿No es más lógico prever con algunos minutos este tipo de situaciones y suspender la salida de nuevos tranvías, en vez de continuar el servicio e inesperadamente botar a la gente a la calle, mucho más lejos de cualquier enlace con otro transporte público? Pero claro, como recoge La Gaceta de Canarias -uno de los pocos periódicos que, por ahora, no se han dejado impregnar del espíritu manipulador y político reinante en la prensa canaria- al día siguiente en este artículo, el Gobierno permanecía totalmente despreocupado y desinformado de la situación:

“El Gobierno de Canarias se esforzaba ayer por informar a la población de la peligrosa situación meteorológica, pero se mostró incapaz de predecir lo que iba a ocurrir. Más bien, sus avisos servían de resúmenes de lo que ya había sucedido. A las 10.30 horas de la mañana bajó la alerta existente desde la medianoche a prealerta en Tenerife y Gran Canaria, las dos islas afectadas. Entonces comenzaron las agresivas lluvias que continuaron hasta las 15.30, justo la hora en la que el Gobierno mandó un fax en el que se informaba de que regresaba el estado de alerta en Tenerife. Sin embargo, a esa hora el agua finalizó. Poco después se desconectaba definitivamente la alerta.”

El agua transita paralela a las vías del tranvía con indiferencia, sabedora de haber ganado ya la batalla a la altura del Hospital Universitario. Cruz del Señor, minuto y resultado: 15:15 h; Lluvia 1- Tranvía 0.

Después del ya comentado desalojo, los desamparados usuarios del tranvía huimos apresuradamente del lugar en múltiples direcciones, cual nido de cucarachas encontrado sorpresivamente por su implacable exterminador. En el fragor de la batalla, me armé de coraje y decidí intentar caminar hacia el barrio de la Cruz del Señor, lugar donde mi intrépida pareja decidió recogerme al enterarse de la situación, en un acto de valentía al volante sin parangón. Inmediatamente sospeché que algo no iba bien cuando pude observar como las tapas de las colmatadas alcantarillas decidían darse una vuelta por General Mola, mientras que por la Avenida Venezuela descendía un auténtico río de proporciones tales que, si Alexander von Humboldt hubiera tenido que cruzarlo durante su visita a Tenerife, hubiera abortado inmediatamente, presa del pánico, su posterior expedición al embravecido Orinoco.

Parte del río Orinoco en plena crecida, a su paso por la Avenida Venezuela y Cruz del Señor. ¡Qué Cruz, Señor!, implorábamos aterrorizados los espectadores de tal evento, imaginando la que se nos podía venir encima.

 

Al día siguiente me enteré, gracias a la prensa y a compañeros que lo vivieron, del auténtico colapso sufrido por la ciudad durante un par de horas: el parque García Sanabria perdía la mayor parte de su nueva imagen, mientras la arena que adornaba sus paseos se acumulaba en la calle Méndez Núñez ante la asombrosa mirada de los viandantes, que de repente tenían la sensación de haberse teletransportado a la playa de las Teresitas. A su vez, las alcantarillas expulsaban a presión el exceso de agua que circulaba por su interior a modo de auténticos géiseres, a la par que extensos ríos y lagos se formaban de improviso en cada esquina, impidiendo el paso a los transeúntes que allí se encontraban. Los accesos al Hospital Universitario se colapsaron –¡como para tener una urgencia!, pensaría más de uno- debido a la ya tradicional inundación del túnel cercano, y la autopista hacia La Laguna sufrió sus retenciones habituales, sólo que esta vez en horario no habitual.

¿Quién dijo que la hidrogeología de Canarias no permitía la existencia de géiseres? La principal diferencia aquí radica en que el agua que emana de ellos está tan fría como la sangre de muchos políticos. Pero poco a poco, e inundación tras inundación, la potencia de salida superará algún día a la del conocido Geysir de Haukadalur en Islandia. Si no me creen, denle tiempo al tiempo.

 

Lo verdaderamente preocupante es que el diluvio del otro día no fue de tal magnitud, si lo comparamos con el acontecido el 31 de marzo de 2002. En aquel entonces se registraron 232 l/m2 en 24 horas en la zona metropolitana, contabilizándose este valor casi en su totalidad –224 l/m2– durante la franja horaria delimitada entre las 15:00 y las 20:00 h. El pasado 13 de diciembre, en 12 horas de lluvia se recogieron en la misma zona unos 58 l/m2, perteneciendo igualmente la mayor parte a un tramo de duración similar al anterior -desde las 10:30 hasta las 15:30, aproximadamente-. Esta última cantidad es equivalente a sólo la cuarta parte del valor medido en 2002, durante las mismas cinco horas.

Teniendo en cuenta estos datos, la situación relacionada con la seguridad ciudadana ante una –pseudo- catástrofe meteorológica, lejos de arreglarse o estabilizarse, parece que va a peor. A día de hoy, ¿qué sucedería si se repitiesen unas lluvias torrenciales como las de hace casi seis años? ¿El gobierno tiene planes preventivos al respecto? ¿La ciudad está preparada para evitar el colapso y no sucumbir nuevamente al desastre? ¿Se producirán nuevas víctimas mortales?…

En realidad, a casi nadie le importa eso ahora, por lo menos hasta que se avecinen las próximas elecciones,…pero esa es otra historia que será relatada detalladamente, dentro de unos cuatro años.

 

Ya no es necesario desplazarnos hasta el sur de la isla para disfrutar de las sensaciones extremas que nos ofrece un parque acuático como el Octopus. Gracias a las despiadadas maniobras urbanísticas de nuestros gobernantes, de vez en cuando podemos recrearnos con la presencia de uno de ellos dentro de la propia capital.

 

Todo buen parque acuático que se precie debe tener amplias piscinas que recubran gran parte de la superficie recreativa. La diversión, aventura y riesgo sin límites están más que garantizados.

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Responses

  1. Que buena crónica 😀 Bienvenidos de nuevo, tras vuestra anterior andadura en el otro blog.

    Un saludo, de un fiel lector.

  2. Ese día yo subía a recoger a mi padre en la residencia y, a parte de las tapas de alcantarilla, tuve que esquivar una furgona que se había quedado atascada precisamente con una de las tapas sueltas. Mi tío, que había venido desde GC,
    se encontró con auténticas barranqueras de mierda que bajaban por la Plaza de Los Patos provenientes – imagino – de algún colector reventado por la presión del agua.

    En fin, estupendo artículo. ¡Les felicito por la página!

  3. Por favor, no dejen de pisar los charcos habilitados en las recientes obras de la Alameda, realizadas bajo el total desconocimiento de un instrumento tan misterioso y oscuro como….el NIVEL!!!

    Los comerciantes cercanos celebran que el agua fluya directamente hacia sus locales.

    P.D: después de Navidades vuelven a picar la calle!!!!

  4. Seguro que todo esto es por el cambio climático, como diría Greenpeace. Cada vez llueve menos y hace más calor. Debe de ser el mar, que ya ha subido 2000 metros, y por eso chorrea cuesta abajo por la Cruz del Señor…


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