Posteado por: GUSANILLO | octubre 6, 2007

Viva la República Independiente de mi casa

Algo lejana y propia de incluir en los libros de historia me parecía ya la época en la que los gritos que reclamaban justicia ilícita, igualdad descompensada y solidaridad egoísta tomaban posesión de los medios de comunicación social que nos asedian cada día; pero parece que actualmente no nos separa tanta distancia de esos momentos gloriosos y épicos de antaño, en los que se imponía la manera de pensar de los que controlaban el poder propagandístico y de difusión. Y es que hay algunas cosas en este mundo que nunca cambian; cuando con el transcurso de los años el conjunto de la sociedad considera que es necesario dar algunos pasos hacia delante en su andadura por una mejor convivencia y entendimiento humano, ciertos movimientos dirigidos por intolerantes se empeñan en retroceder por sendas que se presuponían inutilizables, y que discurren paralelas a las que tomaron en su día algunos estadistas cuyos nombres trata la humanidad de olvidar.

Mientras llevaba a cabo una de mis rutinarias búsquedas de información en Google, uno de los enlaces que aparecieron en la pantalla relacionados con la palabra “Canarias” me llevó a la versión digital de ese gran periódico de información veraz, objetiva, imparcial, justa, equitativa y ecuánime titulado El Día. Mis ojos se detuvieron en un titular que captó mi atención y, tras acudir y empaparme a conciencia de la versión completa, tengo que reconocer que me costó salir del asombro en el que me vi sumido durante largo rato. En él se expone parte del “Articulado de la Constitución Federal Canaria”, redactada por el archiconocido nacionalista Antonio Cubillo. Ignoro la relación de José Rodríguez Ramírez –director y editor de este periódico- con el acérrimo independentista, pero observando la cantidad de sandeces que le permite publicar semana tras semana mientras no duda en censurar y manipular otro tipo de contenidos de su periódico, mis sospechas de que aquí hay algo más que un “par de güisquis” a media tarde entre amigos van in crescendo con cada ojeada al citado diario.

La verdad es que el artículo en cuestión no tiene desperdicio. Su lectura provoca sentimientos enfrentados de hilaridad y lástima en cantidades desproporcionadas, y corrobora la manera de pensar de una persona que ha sido portador durante numerosos años de un caos mental considerable. Dejando aparte ciertas consideraciones sobre escritos similares firmados por él mismo, y que han hecho referencia a sus ya afortunadamente lejanas intenciones de lucha armada como instrumento de independencia –idea al parecer actualmente defendible por Antonio Artiles Mejías, representante del Movimiento de Liberación Nacional de Canarias en este artículo del mismo periódico-, me llama la atención el hecho de que, al parecer, según este escritor/político/pensador/ex-terrorista, los que poseen la desgracia de no ser canarios de pura raza –algo comparable a un Pedigree animal- tienen un serio problema para vivir aquí y equipararse socialmente a los que sí disfrutan de ese privilegio.

Afortunadamente creo que me salvo de la quema de extranjería, ya que por lo que sé y hasta donde he podido investigar, incluso mis tatarabuelos eran canarios. A su vez, reconozco que me da pánico la lectura de algunos de estos artículos “constitucionales” por sus reminiscencias nazis y apologías a una supuesta raza aria canaria; sobre todo los relacionados con la propuesta de la implantación obligatoria en las Universidades de investigaciones genéticas sobre el ADN canario, o la coartación de libertad de expresión y prensa de cualquier medio no isleño.

¿Quién le ha dicho a este señor que la mayoría de canarios, de entre todas las formas de gobierno existentes –aunque yo no esté de acuerdo con ninguna, pues odio la palabra gobierno-, desean una República Federal? Siguiendo sus razonamientos, ¿no sería más lógico establecer unos menceyatos generales por islas o provincias? ¿Se ha hecho algún referéndum al respecto que no consigo recordar? Simplemente parece que quiere imponer una manera muy particular de pensar porque la considera mejor que la de los demás canarios. Sin decirlo abiertamente, se erige como “el canario de todos los canarios”.

Parece obvio que este articulado ha sido redactado por alguien que no tiene muy claro la posición de Canarias en este Universo: un grupo de islas en el inmenso PLANETA TIERRA y nada más. ¿Alguien observa barreras naturales –obviando al océano Atlántico- entre Canarias y el resto del mundo? ¿Acaso existe una atmósfera incompatible en las islas para los portadores de otro ADN que no sea canario? ¿El resto de individuos del planeta no pueden vivir en Canarias? ¿Les afectan las condiciones ambientales por no estar seleccionados genéticamente para vivir aquí? ¿O es solamente un zafio valor de moralidad territorial?

Ya está bien de defender la patria, bien sea canaria o española. Olvidémonos de banderas y fronteras que nos diferencian cada vez más del resto del mundo, provocando nuestro aislamiento social, cultural y, en última instancia, intelectual. Sinceramente, siento indiferencia ante la bandera de las siete estrellas verdes y mucho más frente a la amarilla rodeada de franjas rojas, con ese rimbombante escudo “plus ultra” en el centro que derrocha prepotencia y superioridad con ánimo conquistador y colonizador. ¿Tendrían sentido la presencia de ejércitos y guerras si no existiera en el mundo el concepto de patria? Seguramente no. De hecho, todos los enfrentamientos que se han producido y se producen actualmente en el planeta están basados en última instancia en la defensa del concepto patriótico de las naciones; si no hay patria que defender, no hay nada contra lo que luchar. Mijail Bakunin escribía en su tratado titulado Patria y Nacionalidad que “sólo puede considerarse como un principio humano aquello que es universal y común a todos los hombres; la nacionalidad separa a los hombres y, por tanto, no es un principio”…así que, si lo que queremos es lograr una cierta igualdad y homogeneidad en la humanidad a todos los niveles –económicos, culturales, sanitarios, etc.-, contribuirá mucho a tal fin el hacer un esfuerzo para olvidarnos del concepto de Canarias y de España como entidad que diferencia y separa a personas del resto del mundo.

No obstante, este escrito no pretende convertirse en un canto a favor de la globalización, o por lo menos de la forma en la que se está llevando a cabo actualmente en el planeta; no se debe globalizar destruyendo identidades culturales, sociales y hundiendo la economía local gracias al poder de las multinacionales extranjeras que con sus ideas capitalistas arrasan pueblos enteros, sin respetar el modo de vida de civilizaciones milenarias y atentando contra la diversidad étnica, cultural y medio ambiental. Una vez explotados estos recursos naturales y humanos, se obtiene como resultado el abandono a su suerte de la tecnología insostenible invertida en estos pueblos, dejando a sus habitantes ya sin identidad y sumidos en la más absoluta de las miserias por carecer de su anterior y sostenible medio de supervivencia.

Efectivamente, hay que defender la identidad cultural de cada región; no deben desaparecer las romerías, las papas arrugadas, la “carne fiesta”, las costillas asadas, el gofio, el puchero, el silbo gomero, la apañada majorera, el timple, las isas, las folías, la artesanía tradicional,…ni el mago canario. Esta diversidad cultural y etnográfica fomenta nuestra cultura e intelecto, a la par que nos hace reflexionar y aprender acerca de lo que fuimos y lo que somos, pero,…nunca se debe utilizar como arma arrojadiza hacia las personas que no han nacido aquí.

¿Qué derroteros toma la identidad canaria hoy en día? Prolifera en progresión exponencial la cultura del coche “tuneado” o del BMW de segunda mano, importado de Alemania y a pagar en 20 años mientras se malvive por no tener un sueldo decente; los hijos a los que el saber y conocimiento se les inculcan como valores secundarios o poco importantes, siempre después del principal -el dinero- al que perseguirán durante toda su vida y que nunca conseguirán, mientras su ignorancia y simplicidad en cultura y composición musical les impulsa a encumbrar en su ateneo particular a los grandes intérpretes del Reggaeton; y como no, la cuestión de ámbitos socioculturales y medioambientales relacionada con lo que está considerada actualmente como la típica vivienda canaria, que en realidad ni es canaria ni es “goda”. Asomando nuestra cabeza a las grandes urbes del archipiélago o desviando nuestra atención hacia los variopintos pueblos que nos rodean, podemos observar una característica arquitectónica común; innumerables cajones carentes de tejados y sin encalar ni pintar, con una serie de aristas imposibles, terrazas, balcones y salones-bar más horripilantes todavía, totalmente descuadrados y apelotonados entre sí y situados en los lugares más ilegales, inverosímiles y escarpados de los que César Manrique fuera capaz de imaginar ni en sus peores pesadillas. Estos delitos paisajísticos y patrimoniales que tapizan casi por completo el territorio del archipiélago son viviendas fabricadas por y para canarios, y autorizadas y permitidas por canarios. Auténticos atentados visuales contra el medio natural, presentes desde la maltratada costa hasta las altas cumbres de casi todas las islas; reminiscencias de las edificaciones observables actualmente en muchos suburbios venezolanos, donde el emigrante isleño aprendió el oficio de la construcción a mediados del siglo pasado, y que para desgracia de todos se trajo a este archipiélago borrando toda identidad arquitectónica y cultural de antaño.

El Sr. Cubillo alegará, de manera rotunda, que la culpa de todo esto la tienen los godos; pero para su desilusión, no es así. Los gobernantes fantoches, hipócritas y egoístas que están acabando con estas islas no vinieron de tierras lejanas a colonizarnos. Los promotores del aumento exacerbado de la construcción, de la permisividad y dejadez a la hora de controlar el crecimiento no sostenible del archipiélago, de la fabulosa e igualmente insostenible idea en el ámbito medioambiental y social del puerto de Granadilla, de Vilaflor, del expolio del patrimonio biológico (flora y fauna), arqueológico (guanche) y paleontológico (fósil), sepultado en numerosos lugares bajo toneladas de cemento gracias a sobres repletos de dinero que corren por debajo de algunas mesas presidenciales, y de muchas otras lamentables actuaciones más, son políticos canarios de pura raza, con tatarabuelos igualmente canarios, elegidos mediante sufragio por la mayoría de los canarios y, en la mayoría de los casos, con una alta preparación universitaria que les hace capaces de pensar por sí mismos y a los que no se les puede achacar ignorancia alguna debido al sometimiento por la cultura colonizadora goda.

Así que dejémonos de entonar el Patria canaria o de gritar el ¡Viva España! y demás arengas que proclaman segregaciones y diferencias con el resto de la población mundial, y tratemos de llevar nuestra visión un poco más allá de nuestras fronteras, hacia territorios desde donde millones de personas que no entienden de nacionalismos permanecen, como dice la canción, encerrados en auténticas jaulas de tierra en donde no hay alpiste, por el simple hecho de haber tenido la desgracia de nacer allí. La mayor parte de ellos, que por su origen ancestral comparten probablemente numerosos genes con nuestros antiguos aborígenes isleños, piden a gritos que se les deje trabajar y vivir en el mundo desarrollado. Su desesperación la podemos sentir en nuestras propias carnes cuando repiten las hazañas guanches de primocolonización con cada arribada de pateras y cayucos a las islas desde el continente, evocando a su vez el gran éxodo canario hacia el nuevo mundo en situaciones pasadas igualmente precarias. Tenemos el deber de cumplir con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, buscándoles una solución rápida y favoreciendo su integración en la vieja pero otra vez floreciente Europa, necesitada de mano de obra joven que escasea, y donde se les abre un amplio abanico de oportunidades para lograr cumplir sus sueños.

Pero claro, los responsables del periódico El Día, como se puede deducir al leer este otro artículo, no lo ven así. Su sentimiento patriótico canario con tendencias hacia el españolismo en mayor proporción que hacia el africanismo les impide comulgar con seres que no pertenecen a la raza blanca pura, que no son más que una carga en alta mar, que sólo traen enfermedades y que son responsables del 80% (??!!) de los delitos que se cometen en el archipiélago.

Para finalizar, retomemos nuevamente la obra de Bakunin, en cuyo último párrafo terminaba afirmando que “todo aquél que desee sinceramente la paz y la justicia internacional debería renunciar de una vez y para siempre a lo que se llama la gloria, el poder y la grandeza de la patria, a todos los intereses egoístas y vanos del patriotismo“.

Y es que en el fondo, nuestra única patria es el planeta Tierra, y aplicando este concepto no conocemos por ahora a nadie que salga perjudicado más allá del Sistema Solar.

 

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Responses

  1. Un ejercicio de reflexión profundo, actual y un poco extenso, jejejeje!!!Me alegro de otros gusanos se sumen y no muera la cosa. Ya que no puedo acabar a leches con las cosas que no me gustan, usemos la palabra para combatir.


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